martes 25 de mayo de 2010

Sobre piedras

She is so naked and singular.
She is the sum of yourself and your dream.
Climb her like a monument, step after step.
She is solid.

As for me, I am a watercolor.
I wash off.


Anne Sexton
For my lover, returning to his wife

Sobre piedras
se presenta en el teatro taller El grito
Costa Rica 5459
Palermo, Buenos Aires
tel 15 4989 2620

Una obra de teatro, dos biografías, una película de tres horas y varias exposiciones: es el inventario de Ana Basualdo en un artículo publicado a finales de los ochenta sobre el redescubrimiento de la escultora francesa Camille Claudel, hermana del escritor Paul Claudel y amante de Auguste Rodin [1]. No vi ni leí, pero sí me formé una opinión, como a veces hacemos los miembros del público, a partir de mis propias obsesiones, salpicadas con mi ignorancia y las partículas de desinformación que quedan flotando en el ambiente. La opinión incluía, por supuesto, juicios temibles sobre la honestidad artística de Rodin, su maldad en el amor, y la victimización de la pobre Camille. 
Así que fui a ver la obra Sobre piedras con enormes reticencias (perezosa, hacía tiempo había admitido la frivolidad de mis opiniones sobre el tema, pero no había hecho nada para corregirlas). Diez minutos bastaron para sacarme de mi error: esta Camille —interpretada por Florencia Berthold, la autora de la pieza— que llenaba y desbordaba el reducidísimo espacio que compartíamos actores y espectadores no era una víctima, y jamás se convertiría en una por su propio gusto. Y Rodin (a cargo de Iván Espeche) no era un genio malvado y manipulador sino más bien el tercero en los dos triángulos primordiales en la vida de Camille: el primero incluía su propio genio creador; el segundo, a su hermano (Guillermo Berthold).
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La obra sucede en una habitación pequeña (aproximadamente diez pasos por cuatro), de manera que los espectadores, adosados contra una de las paredes, formamos parte del escenario —aunque el malestar que genera la forzosa intimidad rápidamente es reemplazado por la fascinación: "el buen teatro debe despertar el entusiasmo del peep-show", dice Chesterton, otro famoso converso. A la derecha hay una escalera doble de madera; a la izquierda, el torno de la artista; y más allá, contra la pared, una maleta que hará además las veces de escritorio y de hogar. La obra empieza con una estatua sobre el torno, una obra sin terminar: Louise (Belén Santos), la modelo, se queja con Paul de la tiranía de su hermana, apenas año y medio mayor que ella. Paul es el menor de los tres, aspira a ser escritor, y evidentemente venera a Camille.
La historia que nos cuenta Berthold es la del desprendimiento de Camille de este núcleo familiar, ya destrozado por la ausencia del padre, quien trabaja lejos mientras la madre y los dos niños menores acompañan a Camille a París para que adelante su formación como escultora. El doloroso amor que surge entre ella y Rodin (quien la toma como aprendiz y modelo en su taller) está plasmado en L'Âge Mûr, obra en la que el amante se aleja con su mujer, Rose Beuret, a pesar de las súplicas de la artista, arrodillada y desnuda. Pero este no es el triángulo que interesa a la autora, que ignora la figura de Rose y la reemplaza por el fantasma de muchas mujeres. Es la relación entre Camille, Rodin y Paul  (y por extensión la familia Claudel) la que ella subraya, entre otros recursos mediante la inclusión en la obra de fragmentos de La Anunciación hecha a María. Esta obra de Paul Claudel, estrenada en 1912 pero con una versión anterior de 1901, cuenta la historia de "Pierre de Craon, artífice de catedrales, [quien] contrae la lepra como símbolo de su pecado y expía su falta en la construcción —a la vez física y espiritual— de un templo, concluida la cual le es concedida la curación" [2]. Pero la joven Violaine lo ha besado en la boca "por piedad, por compasión y para compartir el dolor", y contrae la enfermedad [3].
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Sobre piedras construye simultáneamente la tensión del alejamiento entre Camille y Rodin y entre Paul y Camille, surgida esta última del movimiento en direcciones opuestas por parte de los dos hermanos: mientras el uno se convierte a la religión católica y se dedica a la diplomacia, como su padre, la otra se pliega a su propio genio creativo y se sumerge en la vida bohemia de los artistas de su tiempo. El resultado es la acumulación de una carga emocional que se concentra en la figura de la escultora hasta resultarle (y resultarnos) insoportable.
En la obra, Rodin rescata a Camille pero ya es demasiado tarde. En la vida, Paul Claudel interna en un manicomio a su hermana una semana después de la muerte del padre, en marzo de 1913, y allí permanecerá hasta su muerte por decisión de su familia: "Mlle Claudel est décédée à Montfavet, le 19 X 1943, où elle se trouvait momentanément." [4]
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Decía Basualdo en 1988 con sorna y con razón que "esta resurrección le permite [a Claudel] vengarse de Rodin [...], hacer que el mundo dude de que todos los pies y los codos —y todas las ideas— que ha firmado fueran realmente suyos." Veinte años depsués, me gustaría creer que Sobre piedras propone que miremos la obra de Camille Claudel sin el ruido de las figuras masculinas a su alrededor: ya es hora.


[1]  http://www.elpais.com/articulo/cultura/FRANCIA/vida/Camille/Claudel/festival/artistico/Paris/elpepicul/19881212elpepicul_5/Tes
[2] http://jmescamilla.wordpress.com/resenas/la-anunciacion-hecha-a-maria-de-paul-claudel/
[3] Luigi Giussani, Mis lecturas. Madrid Editorial Encuentro 2005, pág. 96.
[4] http://www.amisarts.com/sulpture/camille_claudel/chronologieclaudel.htm