martes 25 de octubre de 2011

Es que estamos muriendo

Son muchas las perlas que uno se va uno encontrando a medida que lee La eterna parranda, el libro de crónicas de Alberto Salcedo Ramos que Aguilar acaba de publicar y que ya va por su segunda edición. Hay una que viene al caso hoy y que aparece en la crónica llamada "El enfermero de los secuestrados", sobre el sargento William Pérez Medina; el sargento Pérez pasó diez años y cuatro meses en poder de la guerrilla y fue liberado al tiempo con Ingrid Betancourt. En la crónica de Salcedo, Pérez cuenta que para "ayudarse a olvidar" oía radio e inventaba películas en la cabeza. Y añade: "Otros ejercicios que le permitían aislarse del horror eran la lectura de la Biblia y la escritura de poemas en un cuaderno."
Dos asuntos me llamaron la atención al leer este texto: en primer lugar, la mención de la lectura como herramienta para combatir el tedio. Es una buena señal que la lectura haya alcanzado este estatus de compañía en las horas muertas (habría que aclarar que en el caso del sargento Pérez se trata de la lectura de la Biblia, que se explica por el hecho de que pertenece a una familia evangélica). Es una buena señal que el libro se escape del salón de clase y se refunda en el desorden de los videojuegos, los devedés, los emepe3.
En segundo lugar, la mención de la escritura como herramienta para combatir el horror. Recordé a Wilfred Owen, el poeta y soldado inglés muerto en 1918, a los 25 años de edad, en la trinchera. “En el frío de las trincheras”, uno de sus poemas más célebres, dice así:

Nos duele el cerebro, El viento helado del este nos acuchilla sin piedad...
Aunque agotados tenemos que estar despiertos porque la noche es silenciosa...
Llamaradas bajas, arqueadas, confunden nuestra memoria de la línea de batalla.
Preocupados por este silencio, los centinelas murmuran, nerviosos, expectantes, pero nada sucede.
 
 Y más adelante:
 
El amanecer se nos viene encima doloroso, miserable.
Sólo sabemos que la guerra es larga, que la lluvia cala, que las nubes se hunden estruendosamente.
El amanecer reúne por el este un ejército nostálgico
y ataca de nuevo con sus filas tiritantes de gris, pero nada sucede.
 
(...)
 
Los copos, pálidos, nos rozan el rostro a hurtadillas--
Nos acurrucamos en los hoyos, recordando sueños olvidados, buscando,
cegados por la nieve, trincheras más verdes.
Así nos quedamos adormilados con el sopor del sol,
como si un mirlo travieso nos cubriera de flores,
                  ¿Es que estamos muriendo?
 
  ("Exposure", trad. de Ángel Sánchez-Escobar
y Janet Buckley)

¿Es que estamos muriendo? La lectura del libro de Salcedo responde a esta pregunta de la manera más dolorosa.

Los libros, 95.9 fm, 18 de septiembre