lunes 17 de octubre de 2011

Leer con y sin diccionario

Leer para respirar
Leer como estar enamorado —adorando todo lo que nos parece igual, adorando más todo lo que sorprende porque es diferente.
Leer como chutarse,
leer para no pagar la cuenta del teléfono aunque se esté leyendo sobre pagar la cuenta del teléfono,
leer para irse cuando uno no puede irse,
leer porque solo leyendo tiene sentido respirar
leer para estar acompañado
leer para saberse igual / para saberse diferente
leer para entender
leer porque uno sabe que la vida sucede en muchos lugares al mismo tiempo.

El crítico checo Jan Mukarovsky aseguraba que el propósito estético del objeto poético
solo se logra a través de la reacción de un lector.


Leer para aprender
 Nos enseñaron a leer a palos. "Todavía pienso que los profesores no querían entusiasmarnos sino disuadirnos", aclara Zambra con razón, y cita un poema de Nicanor Parra llamado Los profesores:

Los profesores nos volvieron locos
a preguntas que no venían al caso
cómo se suman números complejos
hay o no hay arañas en la luna
cómo murió la familia del zar
¿es posible cantar con la boca cerrada?
quién le pintó bigotes a la Gioconda
cómo se llaman los habitantes de Jerusalén
hay o no hay oxígeno en el aire
cuántos son los apóstoles de Cristo
cuál es el significado de la palabra consueta
cuáles fueron las palabras que dijo Cristo en la cruz
quién es el autor de Madame Bovary
dónde escribió Cervantes el Quijote
cómo mató David al gigante Goliat
etimología de la palabra filosofía
cuál es la capital de Venezuela
cuándo llegaron los españoles a Chile


Leer es algo tan odioso como lavarse los dientes, o compartir el juguete favorito, o aprender a quedarse quieto en el asiento del pupitre.
Las letras nos dicen cosas que no entendemos
cosas que no queremos saber
cosas que recitamos de memoria hasta el día del examen y después olvidamos con saña.


Leer para aprender II
A veces, un maestro nos señala algo en un poema que no habíamos visto
O un amigo nos recomienda una novela que habíamos pasado por alto o habíamos dejado de lado
U otro libro nos remite a este libro, que nos remite al de más allá

Y habiendo oído a los maestros, a los amigos y a los otros libros, volvemos a leer, y es heroína de mucha mejor calidad
Es el trecho que se recorre entre las borracheras con vino cariñoso de manzana y la embriaguez (y nos enseña el drae que emborracharse es atontarse, adormecerse, mientras que la embriaguez es un enajenamiento del ánimo, una turbación pasajera de las potencias)
Es el secreto de los videojuegos con niveles: cada vez es más difícil, pero cada vez está uno más cerca del beso de la princesa.
Y como en los videojuegos, ya pasa uno por los niveles más elementales sin prestarles atención, con los ojos cerrados, mecánicamente, porque sabe uno que en los niveles superiores el placer es mucho mayor.


Leer para navegar
Los libros electrónicos que se consiguen hoy en el mercado son en general tanto o más aburridos que los libros de papel (son más livianos, en ocasiones, pero hay que enchufarlos).
Sin embargo los editores ya están aprendiendo de esas nuevas generaciones a las que desprecian tanto (ver el video de Mike Matas en TED, La siguiente generación del libro digital). Y harán libros electrónicos que nos permitan leer en todos los niveles en los que queramos: podremos buscar el significado de una palabra sin necesidad de levantarnos de la poltrona, o mirar el mapa de Moldavia, o el de París, o cerciorarnos de que la calle Neftalí Reyes efectivamente existe en Santiago, o ver una fotografía de una anémona. O contestar el teléfono y sostener una conversación con hms y ahs sin necesidad de suspender la lectura.