Se publicó hace pocos días en Bogotá la resolución distrital que ordena la apertura del Concurso Prácticas Creativas de Lectura: el premio del concurso es de cinco millones setecientos mil pesos, cifra que no acaba de ser un estímulo, pero que sí es un gesto. Quienes convocan citan el programa Libro al viento como ejemplo de prácticas creativas de lectura. Libro al viento —recordemos— se inició bajo la administración del alcalde Lucho Garzón e increíblemente sigue vivo, e incluye más de 70 títulos. Para quien los quiera tomar, leer o manosear, los libros de Libro al viento están a disposición del público en las plazas de mercado de Quirigua, La Perseverancia, Restrepo, Fontibón, Trinidad y Galán; en Transmilenio, en los portales de Usme, Américas, Suba y Sur y en las estaciones Ricaurte y Av. Jiménez; además, en los 48 PPP –Paraderos Paralibros Paraparques- se adelantan talleres y lecturas en voz alta.
Por otra parte, una visita al portal cultural del Banco de la República o a la Red Capital de Bibliotecas Públicas nos permite constatar la vitalidad de su programación mensual --que incluye exposiciones, conferencias, cine, lecturas acompañadas, conciertos, títeres, cursos de capacitación.
Dos cuestiones surgen ante las noticias mencionadas: la primera, cómo encontrar el justo término medio entre los estímulos gubernamentales—necesarios en un medio tan desprotegido y pobre como el medio cultural colombiano—y la no intervención del Estado en los asuntos de la cultura —también necesaria si es que se quiere que esta fluya por sus propios meandros. Y la segunda, no menos importante, tiene que ver con la continuidad de los programas: las prácticas culturales exigen riego diario y humildad, dos condiciones que no caracterizan la intervención de los políticos en el medio.
Se quejaba hace unos años un amigo —diplomático del área cultural— de la incapacidad de las instituciones colombianas de cultura para programar, señal inequívoca de su incapacidad para planificar. La insistencia en la programación de instituciones como el Banco de la República o Biblored es una señal de cambio en este sentido, que se refleja no solo en la calidad de su oferta sino en la asistencia de público (el público habitual se vuelve más tarde o más temprano público exigente; y el público exigente incide en la calidad de la oferta).
La ciudad y el país necesitan más apoyos habituales y menos programas espurios, programas como el premio Iberoamericano de Novela Breve Juan de Castellanos, que alimentan el ego de dos o tres de los involucrados pero no el alma de una comunidad.
Los libros, 95,9 fm, octubre 16 de 2011
Los libros, 95,9 fm, octubre 16 de 2011
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