lunes 21 de noviembre de 2011

Las puntas del exilio


En algún momento de 2010 debe nacer el miembro 7 mil millones de la especie Homo sapiens. ¿Quién es? ¿Qué se le  puede decir sobre lo que le espera en el atestado planeta?: ese fue el tema propuesto para la mesa moderada por Claudia López en el Festival de El Malpensante del 2010. En esta mesa la juventud brilló por su superficialidad, y las propuestas más interesantes corrieron por cuenta de los más veteranos: el ultraconservador José Galat, y el escritor venezolano Ibsen Martínez, que dijo más o menos lo siguiente en relación con sus esperanzas para la humanidad en el siglo 21: deseo para los seres humanos en este siglo que comienza el derecho a vivir donde quieran.
Ibsen Martínez no es un hada madrina (apenas es un malpensante) y sus palabras no funcionan como varita mágica para resolver la que ha sido considerada la peor enfermedad del siglo 20: el exilio.
En realidad el exilio como castigo político ha existido desde hace siglos (recuérdese Las tristes de Ovidio), y también el exilio como castigo económico: en cualquier memoria de guerra aparecerán las hordas desplazadas, miles de seres humanos anónimos obligados a dejar su terruño por la fuerza de las armas. 
Del tema se ocupa Los ejércitos, de Evelio Rosero, quizás la mejor novela colombiana sobre la violencia contemporánea.
Del tema también se ocupa Saudades, la novela de nuestra invitada de hoy, Sandra Lorenzano.
Y el poeta polaco Zagajewski menciona la cuestión al pasar, en un texto sobre escribir en polaco después del
momento en que la población superviviente de Varsovia abandona la ciudad asolada tras la derrota de la insurrección del otoño de 1944, marchando lentamente en una columna irregular e infinita de mujeres, niños, hombres y ancianos.

Empiezan a surgir con igual fuerza las voces que hablan de otra de las puntas del exilio: la de las visas, las fronteras, el desprecio por los inmigrantes, el odio chovinista. Los millones de colombianos obligados a vivir en el exilio (en el propio país o en otro) padecen a diario ese extremo afilado. Y quizás algún día tengan la voz para hablar de él, "para crear un modelo de literatura que responda a las amenazas históricas de una manera universal y nada provinciana"; para "alcanzar las capas más profundas de la esperanza, sin buscar solaces fáciles", en palabras de Zagajewski.  

Los libros, 95.9 fm, 20 de noviembre